Ah ça ira!

Posted in Historia, Le peuple, Literatura on febrero 5, 2009 by 1789rev

El ex ministro Foulon había comentado en cierta ocasión, durante una hambruna,
que si la gente tenía hambre podía comer hierba.[…] Había permanecido oculto
para escapar de una muerte segura,incluso había difundido el rumor de que había
muerto. Pero allí estaba descubierto y arrestado. Lafayette sintió lastima de
el, no podrían protegerle, eran demasiados.[…]Arrojaron manojos de hierba a
Foulon y se los metieron en la boca obligandole a que se la comiera, lo colgaron
en el saliente de la Lanterne, cayó, tras golpearle brutalmente le volvieron a
colgar y cuando estaba muerto o casi le cortaron la cabeza y la clavaron en una
pica.Su yerno corrió la misma suerte, las dos siniestras procesiones se
encontraron y la gente grito a la cabeza “besa a papa, besa a papa”. Después le
sacaron el corazón y llendo de camino al ayuntamiento se lo tiraron al alcalde
Bailly, que apunto estubo de darle un ataque…la marcha de las ciudadanas a Versalles

“Una fiesta no es una fiesta si no pones en ella el corazón,Ah ça ira, ça ira, ça ira!”

Fragmento del libro de Hillary Mantel, La sombra de la guillotina.

Nueva administradora

Posted in Uncategorized on octubre 27, 2008 by 1789rev

Queridos Lectores del Blog,

Esta entrada tan solo la escribo para informarles que a partir de ahora hay una nueva administradora del blog. Siendo las anteriores entradas únicamente del anterior administrador. Esto es debido a que el antiguo administrador me ha dejado su blog ya que no puede ocuparse de este y tampoco quiere que se quede abandonado. Yo haré todo lo posible porque la calidad del blog prosiga e incluso se supere.

Muchas gracias por leer :),

Eadeeva

http://eadeeva.blogspot.com

El asesinato de Marat – Alphonse de Lamartine

Posted in Historia, Literatura on febrero 3, 2008 by 1789rev

“Descendió del coche en el lado opuesto de la calle, frente a la residencia de Marat. La luz comenzaba a bajar, especialmente en ese barrio oscurecido por altas casas y por estrechas calles. La portera, al principio, se negó a dejar penetrar a la joven desconocida en el tribunal. A pesar de ello ésta insistió y llegó a subir algunos peldaños de la escalera bajo los gritos en vano de la portera. Con este ruido, la ama de llaves de Marat entreabrió la puerta, y se negó a la entrada en el apartamento de la extranjera. El sonoro altercado entre ambas mujeres, en el que una de ellas suplicaba que la dejaran hablar con el “Amigo del pueblo” y la otra se obstinaba en cerrar la puerta, llegó a oídos de Marat. Éste comprendió, por las entrecortadas explicaciones, que la visitante era la extranjera de quien había recibido dos cartas durante la jornada. Con un grito fuerte e imperativo, ordenó que la dejaran pasar.
Por celos o desconfianza, Albertine obedeció con repugnancia y entre gruñidos. Introdujo a la joven muchacha en la pequeña habitación donde se encontraba Marat, y dejó, al retirarse, la puerta del pasillo entreabierta para oír la menor palabra o el menor movimiento del enfermo.
La habitación estaba escasamente iluminada. Marat estaba tomando un baño. En este descanso forzado por su cuerpo, no dejaba descansar su alma. Un tablero mal colocado, colocado sobre la bañera, estaba cubierto con papeles, cartas abiertas y escritos comenzados. Sostenía en su mano derecha la pluma que la llegada de la extranjera había suspendido sobre la página. Esa hoja de papel era una carta a la Convención, para pedirle el juicio y la proscripción de los últimos Borbones tolerados en Francia. Junto a la bañera, un pesado tajo de roble, similar a un leño colocado de pie, tenía un escritorio de plomo del más grueso trabajo; fuente impura de donde habían emanado desde hacía tres años tantos delirios, tantas denuncias, tanta sangre. Marat, cubierto en su bañera por un paño sucio y manchado de tinta, no tenía fuera del agua más que la cabeza, los hombros, la cumbre del busto y el brazo derecho. Nada en las características de este hombre iba a ablandar la mirada de una mujer y a hacer vacilar el golpe. El cabello graso, rodeado por un pañuelo sucio, la frente huidiza, los ojos descarados, la perilla destacada, la boca inmensa y burlona, el pecho piloso, los miembros picados por la viruela, la piel lívida: tal era Marat.
Charlotte evitó detener su mirada sobre él, por miedo a traicionar el horror que le provocaba a su alma este asunto. De pie, bajando los ojos, las manos pendientes ante la bañera, espera a que Marat la interrogue sobre la situación en Normandía. Ella responde brevemente, dando a sus respuestas el sentido y el color susceptibles de halagar las presuntas disposiciones del demagogo. Él le pide a continuación los nombres de los diputados refugiados en Caen. Ella se los dicta. Él los escribe, luego, cuando ha terminado de escribir esos nombres: “¡Está bien! ¡Dicho con el tono de un hombre seguro de su venganza, en menos de ocho días irán todos a la guillotina!”.
Con estas palabras, como si el alma de Charlotte hubiera estado esperando un último delito para convencerse de dar el golpe, toma de su seno un cuchillo y lo hunde hasta el mango con fuerza sobrenatural en el corazón de Marat. Charlotte retira con el mismo movimiento el cuchillo ensangrentado del cuerpo de la víctima, y deja que caiga a sus pies— “¡A mí, mi querida amiga!”—, y expiró bajo el golpe

Alphonse de Lamartine

Charlotte Corday – Paul Jacques Aimé Baudry (1860)

Posted in Arte on febrero 3, 2008 by 1789rev

Charlotte Corday - Paul Jacques Aimé Baudry (1860)

La Libertad guiando al pueblo – Eugene Delacroix (1830)

Posted in Arte, Historia on febrero 3, 2008 by 1789rev

La Libertad guiando al pueblo es un cuadro del pintor francés Eugene Delacroix. La obra fue pintada en el año 1830 y es la obra maestra del Romanticismo francés. Este cuadro es la expresión máxima de la Revolución francesa.

He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella.

Eugène Delacroix

El lienzo representa una escena del 27 de Julio de 1830 en la que el pueblo de París levantó barricadas. El rey Carlos X de Francia había suprimido el Parlamento por decreto y tenía la intención de restringir la libertad de Prensa. Los disturbios iniciales se convirtieron en un levantamiento que desembocó en una revolución seguida por ciudadanos enojados de todas las clases sociales. No existió un único cabecilla. Por eso Delacroix representa a la Libertad como guía que conduce al pueblo. Tampoco esta representada de una forma abstracta, sino que es una figura alegórica muy sensual y real.

El espectador sólo tiene dos posibilidades, el unirse a la masa, o el ser arrasado por ella . El pueblo es la unión de clases: se representa al burgués con su sombrero de copa y empuñando el fusil, al lado un andrajoso y un herido que pide clemencia a Francia. Al fondo aparecen brumas y humos de la batalla que diluyen un barrio francés bastante realista. A los pies de la Libertad un moribundo la mira fijamente indicandonos que ha valido la pena morir por ella.

Hay una estructura en forma de pirámide con los muertos por la libertad en la base y la libertad en la cima sosteniendo en la mano derecha la bandera tricolor y en la mano izquierda un rifle. El ligero pincel de Delacroix y la fuerza luminosa de sus colores exaltan la vitalidad de sus cuadros. Para aumentar la tensión y el movimiento añadió contrastes complementarios junto a la oposición de los claroscuros. El color para Delacroix no solo tenía un valor de representación, sino sobre todo un significado emocional propio, con el que el pintor intentaba plasmar sobre el lienzo el sentimiento y la disposición de ánimo de las personas.

Se utilizan colores pálidos con pinceladas sueltas destacando el azul, el rojo y el blanco de la bandera.

En el cuadro aparecen jóvenes, adultos, clase obrera, burgueses y soldados defendiendo a la Libertad que, como ya se ha dicho, en este caso se identifica también con Francia y es representada como una mujer empuñando un fusil de la época (rasgo realista) y con el pecho al descubierto, hecho este último que escandalizó a críticos y a parte de la sociedad de la época. Entre los muertos del primer plano (abajo, a la derecha del espectador) aparecen también soldados leales a Carlos X.

El personaje del sombrero es un burgués, en el que se autorretrata Delacroix a pesar de que no participó en los hechos.

En segundo plano, a la derecha del espectador, encontramos Notre-Dame, en una de cuyas torres ondea la bandera revolucionaria, quizás para afirmar el sometimiento de la iglesia, que había sido uno de los apoyos de la restauración borbónica.

Características formales

Forma abierta

La sensación de perspectiva está presente en la obra gracias a los edificios del fondo y a la multitud, que se va alejando y reduciendo en tamaño al fondo del lienzo.

La línea del horizonte es algo inestable, sería la línea imaginaria entre las cabezas de la multitud al fondo del cuadro, que se difuminan con el humo y los edificios del fondo del lienzo.

Los tres elementos (bandera, camisa del muerto de la izquierda y vestimenta del herido que se alza frente a la Liberdad) forman una línea recta imaginaria que forma un eje central.

Las figuras principales se enmarcan dentro de una pirámide que asciende en el vértice de la cual el eje central es la Libertad y los dos muertos en primer término cierran el triángulo.

La luz del cuadro es irreal, ilumina la Libertad con la bandera tricolor, una parte del cuerpo del niño que hay a su lado, al moribundo de la chaqueta azul, al muerto del margen inferior izquierdo y las manos y media del hombre del sombrero de coña. En este caso la luz y el color tienen un objetivo en común: potenciar el movimiento.

Las pinceladas muestran una gran desenvoltura y ondulación. El rojo y el azul de la bandera, de la vestimenta del herido que se alza delante de la Libertad, y de la camisa del muerto de la izquierda resaltan por encima de todo el predominio de las tonalidades ocres y grises del conjunto.

Junto a la figura alegórica de la Libertad, se dan otros detalles tremendamente realistas como puede ser el pubis desnudo de la persona muerta que hay en primer plano, abajo a la izquierda. ¿Es un cuadro alegórico o histórico? No parece que sea ninguna de las dos cosas, por cuanto que lo único alegórico es la figura de la mujer-libertad-patria y tampoco representa un hecho concreto real. Para Argan es simplemente un cuadro «realista» que aúna alegoría y realidad. Théophile Thoré elogió la obra y refiriéndose a la mujer dijo: «¿Es una muchacha del pueblo? ¿Es el genio de la libertad? Es ambas cosas […] La verdadera alegoría debe tener el doble carácter de ser una figura viviente y un símbolo».

La obra está impregnada de movimiento no solo por los gestos dramáticos de los personajes, y por la composición en diagonales, sino porque los del primer plano avanzan sobre la quietud de los muertos que se encuentran en la base de la composición y todas las formas muestran ondulaciones que ponen de manifiesto la admiración del autor por Rubens. Por otra parte la luz lo refuerza, pues es una luz dramática y compleja, con zonas iluminadas y otras en penumbra, pero cuyo origen no se vislumbra. La figuras del primer plano aparecen iluminadas por un foco lateral, pero a su vez se recortan a contraluz sobre un fondo encendido, humeante y nuboso, que dota de más inquietud a la composición. No obstante, ese tenebrismo aludido no da como resultado figuras homogéneas en tonos de bronce –como en Caravaggio-, pues incorpora con gran maestría más fuerza y variedad cromática, como por ejemplo el azul de la bandera o de la camisa del personaje que postrado mira fijamente a la Libertad. Lo que pone de manifiesto que Delacroix domina también el color, del que fue un fino estudioso.

La perfecta combinación de tema, movimiento, luz y color, junto a una pincelada suelta que en los planos posteriores (por ejemplo, los combatientes de detrás de la mujer) recuerdan a Goya, determinan que nos encontremos ante una obra y un autor de una tremenda trascendencia en la pintura contemporánea. Por otra parte su maestría en ordenar grandes composiciones como La muerte de Sardanápalo o la de esta obra, es también evidente. Delacroix, que tuvo una formación neoclásica, reaccionó contra el academicismo y llegó a convertirse en el culminador del romanticismo del que su amigo Géricault –tempranamente muerto- fue iniciador. Con Delacroix se produce una ruptura con la herencia clásica a consecuencia de la cual, y como dice Argan, “el arte deja de mirar hacia lo antiguo y empieza a plantearse el ser, a toda costa, de su propio tiempo”.

El cuadro se encuentra expuesto en el Museo del Louvre y es una de las expresiones artísticas más importantes de la historia del arte.

Frases célebres de Voltaire

Posted in Arte, Historia, Literatura, Revolucionarios on febrero 3, 2008 by 1789rev
“Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una”.
“Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos”.
“Azar es una palabra vacía de sentido, nada puede existir sin causa”.
“El amor propio, al igual que el mecanismo de reproducción del genero humano, es necesario, nos causa placer y debemos ocultarlo”.
“Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás”.
“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”.
“Todo les sale bien a las personas de cáracter dulce y alegre”.
“Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”.
“Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo”.
“Una de las supersticiones del ser humano es creer que la virginidad es una virtud”.

La Asesina de Marat

Posted in Historia on febrero 3, 2008 by 1789rev

Marie-Anne Charlotte de Corday d´Armont tenía tan solo 24 años cuando comete el crimen. Pertenecía a una familia noble venida a menos y fue educada en un prestigioso convento de Francia. Prometida con un joven partidario del rey, prefirió quedarse en su país antes que huir con él y rehacer su vida.

Su padre y su tío huyeron. Su hermano y su novio corrieron peor suerte: fueron guillotinados. Estos acontecimientos y el hecho de que en su pueblo natal, Caén, estuviera totalmente sóla hicieron que la joven, de ideas moderadas, radicalizase su postura en contra de hombres como los que Marat representaba.

Cuando en su pueblo se refugian una serie de revolucionarios moderados e intentan reclutar partidarios, la muchacha no se lo piensa dos veces: compra un par de zapatos cómodos y se dirige a París para aprovechar una de la sesiones de la Convención y asesinar allí mismo a Marat. Sin embargo, cuando llega y no le encuentra, su decepción es grande, aunque le dura poco tiempo. Decidida, se encamina al domicilio del diputado. Tras un primer intento por la mañana, en el que le deniegan la entrada a la vivienda, por la tarde, es la propia víctima la que, escuchando su petición, le permite la entrada y la visita.
Marat y la joven mantienen una breve conversación. Al final de la misma y como desencadenante de lo que sucedería después, Marie-Anne le interroga sobre el destino de los refugiados moderados en Caén. El periodista le responde que todos serán guillotinados.
Jean-Paul Marat fue apuñalado momentos después en su propia bañera.

La muchacha es arrestada inmediatamente. Cuatro días después, el 17 de Julio, comparece ante el juez por la mañana y esa misma tarde es conducida al patíbulo. Se dice que introdujo su cabeza en la guillotina con la misma sangre fría con la que había asestado la puñalada a su adversario político.

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